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La distancia justa

Magda, 57 años, alrededor del metro cincuenta, cabello castaño oscuro. No usa zapatos con taco, blusas a rayas verticales en su mayoría, pendientes pequeños, dorados, por lo general, el pelo recogido. Siempre me la encuentro en el tren de las 7:07, mayormente en el último vagón. No sé en qué parada sube, pero siempre viene de pie. Mi primera vez en ese tranvía no la noté, no tenía las capacidades necesarias para detectar a personas de sus capacidades, para mí habría parecido una señora más; pero con los días la descubriría. Yo estaba esperando entre los ingresos, apoyado contra el espaldar de uno de los últimos asientos. Al darse movimiento en la zona del pasillo detrás mío, Magda apareció. Se escurrió rápidamente y se situó en la baranda en medio del pasillo, donde tenía la vista perfecta para detectar a cualquier pasajero que se levante o haga algún ademán de bajar en la siguiente parada. Era bastante lógico, y recuerdo haberme sentido un poco tonto. Mi estrategia de girarme los últi...

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